Cuando una paciente inicia un tratamiento de fecundación in vitro (FIV), gran parte del proceso ocurre fuera de la consulta. En el laboratorio de reproducción asistida de Instituto FIVIR, un equipo de embriólogas trabaja cada día con un objetivo muy claro: cuidar de tus óvulos, espermatozoides o embriones. Este trabajo, silencioso pero esencial, es clave para el éxito de los tratamientos de fertilidad.
Primeros pasos en el laboratorio de FIV
El laboratorio es un entorno altamente controlado, diseñado para reproducir las condiciones más parecidas posibles al interior del cuerpo humano. Temperatura, humedad, calidad del aire y niveles de luz se controlan de forma constante.
Tras la punción ovárica, los óvulos obtenidos llegan al laboratorio en cuestión de minutos. A partir de ese momento, las embriólogas asumen la responsabilidad de evaluar su madurez y seleccionar los de mejor calidad para la fecundación. Cada paso se realiza siguiendo protocolos estrictos y con tecnología de última generación.
Nuestras profesionales reciben, cada día, a los protagonistas de un futuro sueño para muchos pacientes. Limpian los ovocitos, descartan espermatozoides… cuidan de cada detalle porque en sus microscopios están escritas muchas nuevas historias.
La fecundación: un momento clave
Pero, ¿Qué ocurre exactamente cuando se fecundan los óvulos? Dependiendo de cada caso. En ocasiones, las embriólogas realizan una FIV convencional, y en otras, una microinyección espermática (ICSI). En ambos procedimientos, la experiencia del profesional es fundamental para favorecer la correcta unión entre óvulo y espermatozoide.
Después de la fecundación, los embriones comienzan su desarrollo en incubadores especiales que mantienen condiciones óptimas 24h/7. Durante este tiempo, observan su evolución, valoran su calidad y registran cada cambio con precisión. Aunque no los veas, tus embriones están siendo cuidadosamente vigilados.
El cultivo embrionario día a día
Los días posteriores a la fecundación son cruciales. Realiza un seguimiento continuo del desarrollo embrionario, evaluando aspectos como el número de células, su simetría y la velocidad de división. Este análisis permite seleccionar el embrión con mayor potencial de implantación.
En muchos casos, el cultivo se prolonga hasta el estadio de blastocisto, lo que permite una selección más precisa y aumenta las probabilidades de éxito del tratamiento de FIV. Cada decisión que se toma en esta fase se hace pensando en maximizar las opciones de embarazo evolutivo.
Un trabajo invisible, pero esencial
Aunque las pacientes no acceden al laboratorio, el vínculo entre ellas y el equipo de embriología es constante. Cada muestra está perfectamente identificada y cada embrión recibe una atención individualizada. Detrás de cada resultado hay horas de dedicación, formación continua y un profundo compromiso con el deseo de ser madre o padre.
